La ceremonia japonesa del té

La ceremonia japonesa del té

En Japón, el té tiene una dimensión cultural muy importante. Más que un arte de vivir, es un culto basado en la admiración de la belleza entre las vulgaridades de la existencia cotidiana. Esta filosofía se traduce en una ceremonia extremadamente codificada, el «Cha No Yu», que se celebra en un lugar concreto y en la que cada gesto debe observarse cuidadosamente.

Contemplar la verdadera belleza

En un pabellón, generalmente situado en un lugar sombreado del jardín y reservado para este uso, que incluye una sala de té y una sala de preparación, participan en la ceremonia un máximo de cinco personas. Más pequeño que las casas tradicionales, este pabellón debe dar la impresión de una pobreza refinada, ya que para los japoneses la sencillez es la expresión de la verdadera belleza.

Desarrollado a finales del siglo XV bajo la influencia del budismo zen, este ceremonial filosófico invita al hombre a purificarse uniéndose a la naturaleza. Por eso, el camino que conduce al pabellón pasa entre árboles y flores y permite al visitante acceder a la primera etapa de la meditación. Nada se deja al azar: la decoración, la comida, los temas de conversación, etc. Se profesa un gran respeto a las geishas, que dominan a la perfección hasta el más mínimo detalle de la ceremonia.

Al principio se sirve un aperitivo ligero, seguido de una breve pausa. A continuación tiene lugar el Goza Iri, momento central de la ceremonia, durante el cual se sirve primero un té espeso, Koïcha, y luego un té ligero, Usucha. Se llevan a cabo diversas purificaciones y cortesías habituales hasta que el anfitrión golpea cinco veces un gong. Tras una serie de gestos minuciosos, vierte tres cucharadas de Matcha en un cuenco para cada invitado, saca un cucharón de agua caliente y bate la mezcla con un batidor de bambú hasta obtener un líquido espeso. El cuenco se coloca cerca de la chimenea y el invitado de honor se acerca de rodillas. A continuación, bebe tres sorbos y, tras el primero, elogia el sabor del té. A continuación, se limpia el lugar que han tocado sus labios con el papel Kaïshi, que ha traído consigo, y pasa el cuenco al segundo invitado, que hace lo mismo, y así sucesivamente. El último devuelve el cuenco al primero, que se lo entrega al anfitrión.

Un concentrado de arte de vivir

Las diferentes fases del Cha No Yu han sido fundamentales en el desarrollo de la arquitectura, la ciencia de los jardines, el paisajismo, la porcelana o el arte floral japonés. Cada etapa implica, en efecto, una adhesión estética en ámbitos muy diversos. Se trata, por ejemplo, de apreciar los utensilios necesarios para la ceremonia: el cuenco, la caja, el cucharón, el batidor, a menudo auténticas obras de arte. Pero también hay que saber apreciar las decoraciones previstas, como el Kakemono, pintura vertical sobre rollo, el Chabana, arreglo floral diseñado para la ocasión, o incluso la armonía de las pendientes de los tejados de la sala de té.

Por otra parte, la minuciosa etiqueta que se observa durante la ceremonia ha influido fundamentalmente en los modales japoneses. Interesarse por este arte secular, destinado a dotar de gracia y modales refinados a quienes lo observan, es una de las claves para comprender la sociedad japonesa.

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